martes, 15 de septiembre de 2015

NO DESPERDICIES TU VIDA “Haciendo lo que tu no debías hacer” (2)



Lectura: 2 Crónicas 26:1-23

“Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios” - 2 Crónicas 26:18


El reinado de Uzías en Judá fue uno de los más extensos, duró 52 años y se caracterizó por ser un reinado piadoso ya que “persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó” 2 Crónicas 26:5. Llegó al trono en un tiempo difícil "A raíz de los trágicos acontecimientos que llevaron el reinado de Amasías a su fin, Jerusalén estaba en desorden, una sección importante de su muro de protección destruido, su templo y el palacio vaciado de sus tesoros, y algunos de sus habitantes llevados cautivos a Israel, el reino del norte”. (Dilday).
Uzías fue grandemente ayudado por Dios; venció a los filisteos, los amonitas le rindieron tributo, su fama se extendió hasta Egipto y su poder era muy grande. Fue un gran ingeniero, agricultor, arquitecto y estaba rodeado de hombres muy valientes, guerreros esforzados. Pero este hombre es el típico ejemplo de aquellos que manejan mejor la adversidad que los tiempos de éxito. Hay personas a quienes Dios siempre les da el trabajo de remar, puesto que si extienden sus velas el viento sólo hará que se tornen perezosos y confiados en sí mismos. Este es el caso de Uzías de quien nos dice el texto sagrado que “… cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso” (2 Crónicas 26:16)
El rey Uzías hizo lo que no debía hacer, algo que solamente los sacerdotes tenían la responsabilidad de llevar a cabo, esto es, quemar incienso en el santuario. Para tristeza suya, Uzías no reaccionó favorablemente frente al llamado de atención de los sacerdotes, “entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso (2 Crónicas 26:19). Jehová hirió al rey Uzías, el mismo rey que en otro tiempo le buscó de todo corazón, el que fue recipiente de tanta misericordia, bondad y favor divino. Es que comenzar bien nunca es garantía de finalizar bien. Eso pasa cuando hacemos lo que no debemos y de esta forma, no solamente pecamos contra Dios sino que también arruinamos la posibilidad de seguir haciendo aquello para lo que estábamos destinados. 
La escritura nos dice que “el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová; y Jotam su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra” (2 Crónicas 26:21). Uzías desperdició su vida haciendo lo que no debía. Es un final muy triste, pero la lección para nosotros es extremadamente importante, ¿acaso no has pensado que la soberbia en el corazón puede hacerte frustrar aquello para lo que Dios te quería utilizar? Ten cuidado y considera la historia de este día para no repetirla en tu propia vida. 

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