lunes, 14 de septiembre de 2015

¡MIRA! ¡UNA DISTRACCIÓN!


por Tim Challies
Nos distraemos. Estamos tan distraídos y tan acostumbrados a ello, que después de un tiempo nos convertimos prácticamente en una distracción. Perdemos la capacidad de estar quietos. Le tememos a la tranquilidad. Nos sentimos intimidados por los momentos en los que no hay nada para mirar y nada que hacer.
La distracción es uno de los precios que se paga en la vida en un mundo digital como el que tenemos. Paul Graham lo dice muy bien: "La distracción no es un obstáculo estático que se evita como se puede evitar una roca en el camino. La distracción nos busca. "Nos rodeamos de dispositivos que nos proporcionan tantas buenas cosas, pero incluso estas buena cosas tienen un precio: el costo de la distracción. El iPad que me permite leer la Biblia en cualquier momento y en cualquier lugar también irrumpe en mi vida devocional con notificaciones y alertas. El teléfono que me permite estar en contacto con mi familia mientras están lejos también me despierta por la noche con sus zumbidos y flashes. Te dan con una mano y te quitan con la otra.
Estamos aprendiendo. Estamos aprendiendo el precio de la distracción de manera que también podemos aprender acerca de las soluciones. Aquí, tres de los costos de toda esta distracción:

VIDA SUPERFICIAL
La distracción conduce a un pensamiento superficial, y el pensamiento superficial conduce a una vida superficial. Todo esta distracción nos impide pensar profundamente. Tan pronto como la mente comienza a presionar sobre un problema y empieza a darle la vuelta y examinarlo y buscar una solución, hay un sonido o un zumbido u otra interrupción. Si no somos capaces de tener pensamientos profundos, no podremos vivir vidas profundas. La vida mejor vivida es la vida que brota de la contemplación profunda, y sobre todo una profunda contemplación de las verdades más profundas. La distracción es la enemiga del mejor tipo de vida que pueda haber.

PRODUCTIVIDAD SUPERFICIAL
La distracción conduce a la dilación, y la dilación conduce a la insatisfacción. Muchas de nuestras distracciones son recibidas abiertamente. Las queremos, les damos la bienvenida, las extrañamos cuando han estado ausentes por mucho tiempo. Cuando no vienen, vamos en busca de ellas, mientras escribimos Facebook en nuestro navegador, esperando algo, cualquier cosa que nos divierta. Pasa una hora. Dos. Y no hemos logrado nada de lo que deseábamos, nada de lo que nos habíamos propuesto hacer. A medida que aumenta la distracción, la productividad disminuye, y nos convertimos en individuos descontentos con lo que hemos logrado. La distracción es la enemiga de la mejor clase de la productividad.

RELACIONES SUPERFICIALES
La distracción conduce a una comunicación superficial, y la comunicación superficial conduce a relaciones superficiales. Nuestra distracción nos impide un compromiso profundo con otras personas. Siempre estamos a solamente un sonido o un zumbido de desligarnos de una conversación y volver nuestra atención a ese mensaje de texto, o el correo electrónico, la notificación de Facebook, etc. Las relaciones prosperan con la comunicación profunda; pero las relaciones fracasan en una comunicación trillada y desatendida. La distracción es la enemiga de la mejor clase de relaciones.


Los costos de todo esto nos llevan a las soluciones, y las soluciones son muy simples: ¡Toma el control! Nuestros dispositivos electrónicos y las nuevas tecnologías sólo tienen tanta autoridad en nuestras vidas como lo permitimos. Determina cuánta autoridad tu dispositivo tendrá, y oblígalo a vivir dentro de los límites apropiados. Si tu no eres dueño de tus herramientas, ellas te poseerán a ti.

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