sábado, 19 de septiembre de 2015

LA VOLUNTAD DE DIOS, UNA CUESTIÓN INDIRECTA


Lectura Salmo 37:1-9

“Deléitate asimismo en Jehová,
y él te concederá las peticiones de tu corazón” 
Salmo 37:4


    Si has leído la historia de Israel en el Antiguo Testamento, recordarás que no le fue muy bien a la hora de hacer la voluntad de Dios. Desde que salieron de Egipto lo hicieron con la seguridad de que Dios los dirigía a la tierra prometida, y de hecho llegaron, pero no todos. En los años de peregrinaje hasta allí Israel discutió, murmuró, se enojó y desobedeció una y otra vez a la voz de Dios. Se dedicaron más a sus placeres y deseos que a lo más importante: Conocer a Dios y disfrutar de la comunión con él.
A menudo ocurre que muchos creyentes ven truncados sus anhelos y persperctivas en sus vidas y no encuentran fácilmente la razón del por qué. David en el Salmo 37:4 nos da una pista de cuál es la razón de tantos fracasos recurrentes. El dijo: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.”  Es un asunto serio que consideres bien lo que implican estas palabras. Una forma de comprenderlo, es leyéndolo de atrás hacia adelante y de manera parafraseada: Todas los deseos y pedidos de tu corazón te serán concedidos por el Señor en la medida que disfrutas de él. Suena interesante ¿verdad? Pero más que interesante, es una absoluta realidad. Al leerlo de esta manera, con atención, notarás que el significado se hace aún más evidente porque revela algo que nos ocupa la atención y que es parte de nuestra naturaleza; esto es, las cosas que quiero.
   Como verás, y porque tantos han quedado frustrados, no siempre lo que queremos es lo que obtenemos o inclusive lo que necesitamos. Nosotros ponemos la atención en estas cosas pero David la colocó en Dios y en encontrar deleite, disfrute y satisfacción en su persona. Verás, cuando eso ocurre, cuando tu profundo interés está en agradar a Dios, honrarle y serle fiel, eso ocupará tus pensamientos y anhelos; y por consiguiente todo aquello que desees se encauzará dentro de los límites de la obediencia y tu deseo de agradarle.
¿Dónde entra el asunto de la voluntad de Dios para tu vida en este sentido? En el hecho de que no será un asunto directo sino indirecto en tu manera de pensar. Ya no será “¿qué es lo que yo quiero?”  sino “¿qué es lo que Dios quiere?” Ahora bien, nunca hallarás deleite en Dios a menos que tomes tiempo para saber quién y cómo es él, y especialmente cómo ha estado ocupado en tu vida siempre. La única forma de hacer esto es a través de su palabra, porque nunca existirá nada más necesario saber de Dios como aquello que está escrito en la Biblia. Si no lees tu Biblia, no sabes cómo es Dios, si no sabes cómo es Dios no hay motivo para encontrar satisfacción en él; y si no disfrutas de él, poco te importará si lo ofendes o no y “hacer la voluntad de Dios” para tu vida no será más que una fachada para lo que relamente estás queriendo decir: “Dios quiero que hagas mi voluntad en mi vida.”
    No estés tan concentrado en lo que quieres o deseas si no tienes el hábito de leer tu Biblia, porque probablemente no obtendrás lo que quieres o si lo consigues no será con la bendición de Dios. Pero aprende a disfrutar de Dios, a honrarle, a obedecrle, a escucharle y entonces lo que tú desees será justamente lo que él desea para tí. 


¡Qué Dios te bendiga!

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